Parece increíble cómo las empresas tecnológicas han revolucionado la manera en que interactuamos con ayuda de un pequeño dispositivo, al punto de poder comunicarnos universalmente. Un solo dedo y una superficie plana multitáctil es lo único necesario para controlar y percibir todo a nuestro antojo, la piedra angular para las maravillas que nos depara el futuro: la ubicuidad, ¿verdad? Nada más alejado de la realidad según Bret Victor, inventor de Apple hasta 2010, quien piensa que el futuro debe ser mucho más que sólo pantallas táctiles, como un video de Microsoft sugiere.

Victor, cuyo trabajo consistía "en jugar con las plataformas de hardware experimentales y tecnologías de entrada (input), para diseñar una interfaz de usuario y nuevos conceptos de aplicación", duda que la  pantalla táctil sea el futuro de la comunicación -de la manera que Microsoft la muestra en el siguiente video-, y la califica como sólo un estado de transición, mientras la bautiza como tecnología de Imagen Bajo Cristal.

La tecnología de Imágenes Bajo Cristal es un paradigma de interacción de entumecimiento permanente. Es un goteo de novocaína en la muñeca. Niega a nuestras manos lo que mejor saben hacer. Y, sin embargo, es el jugador estrella en la visión del futuro. Para mí, alegar que la tecnología de Imágenes Bajo Cristal es el futuro de la interacción, es como pretender que el blanco y negro sea el futuro de la fotografía.

Tuve la oportunidad de ver este video hace un par de días antes de leer a Victor, y me pareció -como a muchos otros-,  simple y llanamente INCREIBLE. Luego de leer su escrito, me pareció que en realidad tenía razón. Aunque es impresionante la cantidad de tareas que podemos realizar con las actuales pantallas táctiles, éstas limitan a las manos a realizar una de las actividades más importantes para lo que fueron diseñadas, esto es conocer nuestro entorno.Las manos son mucho más que un sólo dedo, ya que nos permiten relacionar peso, tamaño, temperatura, estado físico, y muchas otras características acerca de aquello que estamos conociendo.Podemos apreciar con bastante exactitud la cantidad de agua sobrante de una botella con solo cargarla,  tocar la guitarra con precisión clínica o abrir un frasco con la tapa apretada. Podemos saber si dos páginas de un libro se han pegado al darles la vuelta -¿cuál es el grosor de una hoja?- con sólo tocarlas. Para él, la interacción con un dedo sobre un frío cristal sólo limita al ser humano para comprender su entorno visualmente. ¿Ves la diferencia entre tocar el piano de tu casa o aquél en el iPad?

La próxima vez que hagas el desayuno, presta atención a la coreografía exquisitamente intrincada para abrir armarios y verter la leche - fíjate cómo tus miembros se mueven en el espacio, como utilizas el peso y el equilibrio sin siquiera darte cuenta. La única razón por la que tu mente no explota todas las mañanas maravillada de su logro es porque todos los demás en el mundo pueden hacerlo.

Me parece además que las empresas tecnológicas lo entienden también a su manera. Esto es cómo la ciencia y la religión, buscando la única verdad absoluta desde diferentes caminos. En el caso de Apple, el inicio de su sendero es a través de la voz: Siri. Con su ayuda, no solo vemos, también escuchamos. Controlamos. No requerimos de nuestros ojos -en teoría-. Nos enriquece.

No es en vano que muchos gobiernos, empresas y asociaciones incluyendo la Unión Europea, financien regularmente proyectos de investigación en realidad virtual y aumentada. Incluso Microsoft, a quien Victor critica con su escrito, ha invertido muchos millones de dólares en Kinect, que no tiene otro objetivo que aumentar nuestra percepción, y controlar entornos mediante gestos multicorporales.

Al final, Victor no nos da su concepto del futuro, pero nos recuerda que no solo los ojos nos permiten conocer el mundo. Tal vez con el esfuerzo conjunto de las empresas tecnológicas, gobiernos, universidades y centros de investigación, podamos llegar a utilizar todos los sentidos para percibir un entorno virtual cualquiera, pudiendo emular la realidad al 100% de manera que seamos capaces de conocer lugares remotos desde casa, tal y como si estuviéramos ahí. Eso deja a la película Minority Report como un episodio de Los Picapiedra.