Desde este post queríamos hacer una reflexión seria de lo que puede pasar si no mantenemos un equilibrio con lo que la tecnología y sus aparatos nos pueden suministrar. Está claro que los productos electrónicos han introducido un universo totalmente nuevo de infinitas posibilidades. Y desde este blog estamos encantados de compartir todas las que tienen a Apple como protagonista. Pero algo no están entendiendo bien algunas personas si están dispuestas a vender un riñón con tal de hacerse con un iPad 2.

No estamos de broma, tristemente no estamos de broma. Es lo que ha sucedido hace unos días en China. Un joven, casi un adolescente, llamado Zheng de 17 años de edad ha estado dispuesto a vender uno de sus riñones, extraído de forma ilegal en un hospital de Chenzhou, pues este hospital no posee autorización para realizar transplantes de órganos. La venta habría sido establecida por Internet y el comprador habría ofrecido 20.000 yuanes al chico (unos dos mil euros o tres mil dólares).

Con este dinero, el muchacho habría comprado un portátil y un iPad. El triste asunto ha salido a la luz cuando la madre advirtió a la policía de los aparatos que había traído a casa su hijo. El chico parece arrepentido tras ser entrevistado por periodistas chinos, pero ya es demasiado tarde. Es lamentable que se tengan que dar noticias como estas. Porque un iPad 2 no vale un riñón, un ordenador portátil no vale un riñón. Todos los productos que podamos adquirir no valen nuestra integridad física y nuestra propia dignidad.

Sirva este post para hacer un llamamiento, una declaración de intenciones: necesitamos buen juicio para no perder el equilibrio, hay que saber diferenciar las necesidades de los caprichos y los caprichos siempre pueden esperar. Lo dice alguien que escribe desde un MacBook blanco de hace cuatro años, que desea un MacBook Air pero que de momento no se lo puede permitir porque tiene asuntos más importantes que atender primero.