Obsolescencia programada: el deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo, un poco antes de lo necesario. (Brooke Stevens, padre del concepto actual de Obsolescencia Programada)

El otro día, en este mismo lugar, se generó un interesante debate provocado por mi artículo sobre las razones del abandono del iPhone 3G. En los comentarios se generaron una serie de opiniones a favor o en contra de Apple (y el resto de marcas) por lo rápido que marcan como obsoletos, o fuera de su ciclo comercial, la mayoría de dispositivos que fabrican. Sólo tenemos que echar un vistazo al resto de elementos electrónicos del mercado, para darnos cuenta de una realidad más que clara: televisiones, reproductores, ordenadores, dispositivos móviles... Todo lo que tenga que ver con la electrónica tiene una "esperanza de vida" bastante corta, en lo que muchos han dado por llamar "la obsolescencia programada de la tecnología".

Por un lado, el motivo de esta obsolescencia (desde el punto de vista de los fabricantes) se debe a lo deprisa que avanza la tecnología, pero no siempre es así como ya nos contó nuestro compañero Dani no hace mucho. Por ejemplo, y saliendo del sector que nos ocupa, hace sólo 4 años compré una Sony Bravia de 32" HD Ready... ¡con una entrada HDMI!. El TV costó bastante caro y era el Jumbo de los TV en aquel momento. Ahora, cuando lo miras y comparas con lo que se vende, da la risa. Pero así es la tecnología. Aunque, habría que hacerse una pregunta, que es a donde quiero llegar con este artículo: ¿es esa Sony Bravia de 32" diferente a la que compré hace 4 años? ¿Ha dejado de hacer aquello para lo que fue comprada? No. Sigue exactamente igual que la compré. Entonces: ¿por qué pensamos que ya no nos sirve? Desde mi punto de vista porque el ser humano tiende a desear aquello que es mejor y da más posibilidades que lo ya tiene. En conclusión: dicha obsolescencia programada está marcada por nuestro deseo inherente de acceder a las últimas posibilidades que nos ofrecen los fabricantes, quienes, sabiendo esto, nos las venden como si lo que ya tenemos no sirviera. Dicha obsolescencia programada no es más que una estrategia comercial en la que caemos sin remisión.

El antiguo enfoque europeo era crear el mejor producto y que durara para siempre. Te comprabas un buen traje para llevarlo desde tu boda hasta tu entierro sin poder renovarlo. El enfoque americano es crear un consumidor insatisfecho con el producto que ha disfrutado, que lo venda de segunda mano, y que compre lo más nuevo con la imagen más nueva posible. (Brooke Stevens)

Pasemos entonces a hablar del citado iPhone 3G. Imaginen ustedes a día de hoy este terminal y háganse esta pregunta: ¿ha dejado este terminal de hacer aquello para lo que fue comprado? No. Se compró por una serie de características y prestaciones. Con el tiempo, estas prestaciones se han ido aumentando y al final, las últimas de ellas han dejado de incluirse porque el hardware del mismo ya no tiene capacidad para hacerlo (según Apple). Pero lo realmente importante, es que no hemos perdido funcionalidad con respecto a la que teníamos en su día. El terminal hace exactamente lo mismo. Es más, hace más cosas que cuando lo compramos. Entonces, ¿cuál es el problema? En teoría nosotros compramos algo porque tiene la característica A y B y hace C y D. Pasa el tiempo y de pronto, ahora ya puede hacer también E y F. Pero pasado algo más de tiempo, otros más nuevos que él hacen G y H pero el nuestro ya no porque necesita la característica C que sólo el nuevo tiene, o simplemente, no hace G y H tan bien como los modelos más nuevos. También existe la posibilidad que el nuestro pueda con G y H, pero el fabricante diga que no y no de explicación a ello (caso Apple). O también que pueda hacer G y H pero el fabricante pase de actualizarlo para que pueda hacerlo (caso Android).

Es muy diferente cuando la obsolescencia es premeditada, caso de impresoras que incorporan chips de conteo de impresiones. Llegado un límite, la impresora deja de imprimir. Baterías que tiene "supuestos ciclos de carga". Cuando se agotan, nos sale más barato comprar un dispositivo nuevo que cambiar la batería. Eso es fraude. Un fraude consentido por los gobiernos y las empresas. Pero, no todo es así de crudo, y la verdadera estrategia no es hacer cosas que se estropeen, sino hacerlas para que en poco tiempo nosotros tomemos la decisión que ya no nos sirve. Y esa decisión la tomamos porque queremos lo que hace el modelo nuevo, no porque el nuestro haya dejado de funcionar. El caso más claro es el del iPod blanco de click-wheel, por poner un ejemplo personal.

Llegó a mis manos en octubre de 2004, hace casi 7 años. En aquel momento, la gente que lo veía no daba crédito. En España, los iPod eran algo que no se conocía en exceso y que sólo unos pocos geeks (como yo mismo) tenían. A día de hoy, ese iPod está totalmente desfasado. Es el abuelo de los reproductores musicales. Pero... ¿por qué? Porque yo lo he etiquetado así, ni más ni menos. Yo lo compré para llevar 20Gb de música en su interior y poder ir cómodamente a cualquier sitio. A día de hoy, sigue haciéndolo. Igual de bien que cuando lo compré. ¿Por qué entonces pedí un iPod Touch de 1ª generación en navidades de 2007? Porque caí, como muchos hacemos, en la estrategia comercial que hace que la obsolescencia parta de nosotros mismos, no del fabricante. Es uno mismo quien libremente decide ir a la tienda. Nadie te obliga a ello. No te obligan, pero te tientan. El iPod del año 2004 está ahora en la guantera del coche, con su conexión, dando un servicio magnífico. Sigue funcionando en iTunes, sigue admitiendo los mismos formatos... todo igual. Nada a cambiado en él, sólo mi deseo de tener algo que me aporta más funciones, más características o una interfaz más fluida y elegante.

Pero estas estrategias comerciales no siempre funcionan, porque llega un momento en que poco más hay que ofrecer. El mercado de los smartphones está tocando un punto importante para el consumidor. Un punto en que poco más hay que poner sobre la mesa como posibilidades que realmente aporten algo. El último iPhone 4 es una prueba de ello. Analizado fríamente, sin contar con que sea un gran terminal, sólo aporta un giroscopio que casi ni se usa, una cámara de algo más de resolución y una pantalla de resolución cristalina. ¿Aporta eso algo realmente productivo para un uso de teléfono, email, web, aplicaciones, juegos...? Aporta más comodidad, pero nada que sea realmente necesario. De hecho, tengo varios conocidos con su iPhone 3GS o 3G que no necesitan más y es normal. Yo cogí el 4 porque venía de un Android y quería pasar a iPhone, y claro, compré el último modelo porque en ese momento pude. ¿Qué más puede aportar un iPhone 5 para que merezca la pena? Poco que realmente sea productivo, si somos lo suficientemente analistas como para ver el verdadero cambio y hacernos esta sencilla pregunta: ¿realmente necesito G y H si ya tengo de la A a la F?

Esto es lo que sucede ahora en el mundo del TV, por extrapolar un camino al que llegarán los smartphones. Llegado a un punto de evolución en los TV LCD y Plasma, ahora todo es irse al LED, supuesta mejor calidad de imagen (mentira, los LED de marco dan la peor calidad del sector). Y sobre todo, con el gran timo del 3D, donde ahora quieren que tras establecer unos parámetros de consumo basados en alta definición, imagen a 24 fotogramas por segundo respetando el concepto del director y sonido sin compresión, nos carguemos todo eso. Ahora quieren que las películas se vean a la mitad de definición, a 240 imágenes por segundo, con los colores, brillo y demás parámetros mutilados... para tener una sensación de profundidad (y de mareo). Previo paso por caja de TV, reproductor y gafas activas con X horas de vida (y no compatibles de una marca a otra). En ese sentido, es tan ridículo que no cuela (en muchos casos, en otros cuela), como el querer convencer a mucha gente que la alta definición es lo mejor, cuando para ellos un DVD es calidad más que suficiente.

Sólo hace falta tener un poco de sentido común, ser un buen analista de productos (internet es una fuente inagotable de información sobre calidad y productos) y hacernos la siguiente pregunta antes de ir a comprar: ¿realmente necesito eso o con lo que tengo ya cubro lo que realmente necesito?

Dibujo: Johan Eklund bajo licencia Creative Commons