Usar la salida de vídeo de un ordenador portátil no tiene mucho misterio. El uso más común es utilizarla como
pantalla replicada para conectar el ordenador a un proyector. También hay mucha gente (entre los que me incluyo) que conectamos el portátil a un monitor externo para tener el escritorio extendido.

Apple se ha empeñado en hacer la vida imposible a sus usuarios usando conexiones que estaban años por delante del estándar, lo que nos ha obligado a usar adaptadores de toda la vida.

Cuando salieron los primeros PowerBook G4 de Aluminio, Apple usaba el DVI. El DVI aún ni se olía en la esfera de los PC y era prácticamente imposible ver un monitor de PC con entrada DVI. Así que o comprabas una Apple Cinema Display o te apañabas con el adaptador de vídeo que, por cierto, antes venían como accesorio en el equipo y no como un extra a comprar a parte.

Justo cuando el DVI empieza a estandarizarse y la mayoría de monitores traen entrada DVI, viene Apple en 2008 y se saca de la manga un conector derivado de un estándar VESA, el cual también convierten en estándar VESA: el Mini DisplayPort. Un conector muchísimo más pequeño que el DVI y que no necesita de tornillos para fijarse (como ocurre con VGA y DVI). Con Mini DisplayPort nos prometen una velocidad de transferencia brutal y encima soporta el transporte de audio. Bueno eso el estándar, porque los primeros Mac con Mini DP no.

¿Y qué monitor puedo conectar nativamente a mi Mac con Mini DP? Ninguno… bueno si, el LED Cinema Display. ¿Y si quiero conectar mi Dell con entrada DP? Pues te compras el adaptador, que además Apple ni fabrica. Hoy por hoy Apple sólo fabrica adaptadores de Mini DP a VGA, DVI y DVI de doble canal. Eso sin contar que los MacBook/Pro antes de llevar Mini DP llevaban Mini DVI o incluso Micro DVI el MacBook Air.

En fin, una cantidad de adaptadores que valen el módico precio de 30€ cada uno. Una ingente fuente de ingresos para Apple por algo que sólo pretende putear al consumidor. ¿Dónde está la simpleza de la que tanto presumen? ¿Y el enchufar y listo? En la conexión con monitores externos seguro que no lo es…

Pero si ya tenemos nuestro Mac en un monitor externo y queremos añadir un tercer monitor, ¿necesito un Mac Pro con una super gráfica? La respuesta es no. La solución a esto se llama Display Link.

Display Link es una tecnología que pretende que usemos los puertos USB como salidas de vídeo, y a través de un adaptador podamos conectar tantos monitores como queramos. El problema es que quizás encontremos una merma de rendimiento en nuestro ordenador, pues se crea una tarjeta gráfica virtual que moverá ese monitor.

Lo que no queda muy claro es si, al menos en Mac, las tecnologías de Open CL y demás pasarán el trabajo de esa tarjeta gráfica virtual que gestiona el procesador a la tarjeta gráfica del ordenador. Por lo que he podido leer, funciona perfectamente bien, incluso en un ordenador bastante modesto, como lo es el MacBook de Aluminio.

Para expandir nuestro escritorio aún más con Display Link tenemos dos opciones: o bien disponer de un monitor que soporte Display Link y que tenga un cable USB directo al ordenador, o un adaptador USB-Display Link que haga de puente entre nuestro ordenador y un monitor común. Estos adaptadores pueden ser incluso inalámbricos, gracias al Wireless USB o simplemente sticks con un puerto DVI/VGA en el otro extremo.

Los más populares son el Iogear Wireless USB to VGA ($189) y el Kensington Dual Monitor Adapter ($119). No son precisamente baratos, pero son propuestas bastante interesantes para extender el escritorio de nuestro Mac aún más.

Lo mejor es que podremos añadir cuantos adaptadores queramos. El límite sólo lo pondrá la potencia física de nuestro equipo y el número de puertos USB disponibles.

En este caso no será tan sencillo como conectar y listo, pues tendremos que instalar los correspondientes drivers tanto en Mac como en Windows. En el caso del Iogear no es compatible con Mac. Sin embargo el de Kensington sí que funciona desde Tiger hasta Snow Leopard.